sábado, 18 de marzo de 2017

Los niños tienen p... Las niñas tienen v... -I-






Autor: Tassilon-Stavros









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LOS NIÑOS TIENEN P...


 

LAS NIÑAS TIENEN V...  -I-



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¿SEGURO?





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La disforia de género no es un trastorno patológico.
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La sexualidad está en el cerebro, no en los genitales con que se nace.


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Al gran Alberto Sordi
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Vagas imágenes del último mes y especulaciones abstractas, que todavía no había logrado definir, se mecían humildemente resignadas en la mente de Berardi Carluccio que, manguera en mano y en bata matutina, se dedicaba aquella espléndida mañana de dominguero sol primaveral a regar los macetones floreados que revestían, de lado a lado, los cinco escalones que daban entrada al lujoso chalet heredado de su padres, don Berardi Césare y donna Martelli Anna de Berardi, fallecidos en un triste accidente automovilístico cuando se dirigían a uno retiros espirituales en Al Casaletto de Monteverde en Roma, dueños de una floreciente tintorería, que ahora regentaba Carluccio en la histórica ciudad. Apareció en la puerta Rosetta, su criada, una clásica matrona italiana metida en carnes, de aspecto saludable y tez colorada, que cuidaba de Carluccio y de todas las labores concernientes a la casa, desde la desaparición de sus padres:

 -Signore, vaddo a messa...

 -Sí, sí, vada, vada...

El mundo de Carluccio parecía así desligado de ataduras y otras suertes de apremios, como un soltero de buen pasar y muy saludable temperamento. Pero el síntoma de que todo lo que el mundo puede ofrecerte si uno es económicamente fuerte,  y los menesteres subalternos y artificiales se hallan satisfechos y uno parezca vivir sin tragedias que te agrien la cotidianidad, puede ser un mal traidor y no jugar limpio. Y es que Carluccio se había desposado iba ya para tres meses. Y aunque ahora trataba de nivelar sus humores regando las plantas sin cesar, andaba achuchado por los alifafes dolorosos de aquel a quien ya no se le puede sanear el momento con el dicho post matrimonial de "Beato lui, y que con salud lo disfrute", dado que el que debía haber sido un vivificante funcionamiento de sus días de casado se hallaba ahora completamente seccionado. 

Pero Carluccio, sumido en la inopia más profunda, se negaba a reconocer que sus tres meses de connubio en realidad no habían sido ni muy oreados y alegres, ni muy saludables ni rentables en intimidad. Y se devanaba los sesos a fin de lograr entender por qué demonios su consorte le había abandonado. Claro que si el bendito Carluccio se hubiese entretenido en reflexionar sobre su situación de coyunda con más inteligencia y menos romanticismo, habría acabado por reconocer que en su joven consorte se había cocido, ya desde el primer mes, una extraña falta de conciencia conyugal. Y que al irse de casa no era una puñalada trapera en el corazón lo que le había asestado, porque en realidad lo anduvo tratando, ya desde su chocante noviazgo, como a un pardillo inocentón perteneciente al subgrupo idílico de los panolis enamorados. Pese a todo, no se atrevía a protestar, adoptando la actitud de quien acepta cualquier revés resignadamente, dejando así pasar los días de su inexplicablemente fracasado himeneo y tratando de acomodarse, aunque con sus interioridades alteradas, a su antigua y rutinaria disciplina de soltero.

Su joven y linda mujercita, Roberta Nicoletta, iba ya para tres semanas, se había mudado, de la noche a la mañana, sin comentario alguno, a casa de su madre, y desde entonces no había dado señales de vida [ni ella ni toda su parentela, un auténtico matriarcado de mujeres bigotudas donde todos los hombres -ya fueran maridos, hermanos o primos- la habían palmado años ha] Y él, aunque con la moral por los suelos, no se había atrevido a explicitar en sus actitudes cotidianas la menor palabra de reproche hacia la situación de abandono a que se hallaba sometido por parte de la caprichosa consorte. Había aceptado todos los chocantes fundamentos [pese a que, por más que le diera al caletre, no hallaba ninguno], que podrían haber impelido a Roberta a perpetrar tal decisión de abandono del domicilio matrimonial. Pero, ante todo, se trataba de obviar el temor al escándalo entre los medios reaccionarios en que Carluccio se movía, o evitar los comentarios que sus trabajadoras de la tintorería pudieran traer a colación, subrepticiamente, en sus horas de actividad laboral, mientras él no les echaba el ojo.

Y aunque Carluccio se había esforzado en proporcionar a Roberta, con su mejor disposición económica,  [boyante, gracias al buen funcionamiento de la tintorería Berardi], y con su temperamento y entusiasmo romanticoide, un disfrute hogareño sosegado y cómodo, almibarado con los dengues dulzones de los consabidos tonos nupciales que resuenan en los culebrones televisivos, a su complicada consorte, que al parecer no era de tendencias gastadoras y rumbosas, las pompas rosáceas y vanidades burguesas de aquel mundillo convenientemente bien holgado [del que cualquier mujer, ¡qué ironía!, no habría tenido el menor motivo para quejarse] se la traía al pairo. Es más, como Roberta [que hay que reconocer que no era el más delicado nombre de mujer que pudiera encontrarse] carecía por lo visto del menor concepto de distinción que se exige entre esas sociedades formadas por amistades honorables pero más bien carcas que lo único que lograban, sin que ella lo disimulara en absoluto, era alterarle los nervios, siguió mostrándose terca como una mula, negándose a celebrar reuniones refinadas con señoronas [casi todas viudas] y algunos de los pocos y honorables maridos que quedaban. 

Y cuando Carluccio se ponía a tiro con sus esperas anhelantes, piropeándola con aquel verbo fluido y melifluo de casado en ayunas en lo que a la consumación marital se refería: "¡Tesoro, Robertina,... ¿por qué me rechazas? ¿No ves que ya no puedo más? Te voglio tanto bene!", ella cacareaba muy nerviosa y cargante: "¡Déjame en paz, idiota! ¿Cuántas veces tengo que decirte que no vengas a ronronearme a la puerta como un gato en celo, pezzo di farabutto, mascalzone!".Y así, noche tras noche, dale que te pego. Con todo lo cual, Roberta, tan poco propensa a la gratitud, se encastillaba en su aposento-fortaleza cual doncella sin desflorar, ¡ni ganas!, que era como si anduviera sobre ascuas en sus tendencias poco conmemorativas del estado connubial. 

Y como al parecer no tenía arrestos para comportarse como la esposa soñada, sino más bien como hembra machorra que no se detenía en barras frente al marido no menos terco y ansioso por probar el bocado que hasta entonces ella le había prohibido, cogió el portante una mañana, largándose del domicilio conyugal como una donnaccia romana, despótica y vengativa, que quisiera ponerle en claro al chulángano de turno [¡su paciente compañero de altar esponsalicio, todavía, como ya sabemos, en total ayuno!] que hay costillas, vulgo consortes, a las que no entiende ni Dios, y que aunque se comporten como gallos de pelea, a veces se transforman también en zancudas aves migratorias o tan gallináceas como las tumultuarias gallinas, y que por pertenecer a ese universo zoológico que siempre depara tantas sorpresas, evitan cuanto pueden y sin soltar cloqueo alguno -seáse un mínimo de esclarecimiento-, servir de comilona rijosa al zorro que le enseña la patita cada noche por debajo de la puerta. 

Y si Carluccio hubiese leído alguna vez, aunque fuera en italiano [aunque ¡ni por esas!] "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha" quizás podría haber tropezado con la sabía reflexión del incomparable personaje de Miguel de Cervantes cuando aseguraba: "Que las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias"... o lo que se tercie en este mundo de mamíferos que tanto parecen añorar las ubres maternas, añadiríamos nosotros. Y por ello mismo, como un borreguito acorralado y con escasa sesera, Carluccio seguía esforzándose ahora por todos los medios en ocultar la completa desnudez de su debilidad, que, de salir a la luz de forma tan insultante, podría multiplicar sus efectos escandalosos ante la conservadora y religiosa sociedad que rodeaba su pudiente mundo no menos tradicionalista. 

En consecuencia, el marido desatendido intentaba superar, sin conseguirlo, claro está [especialmente frente a las miradas de compasiva benevolencia que por aquellos días le dirigía su fiel Rosetta, quien también atribuía la anómala coyuntura que ahora ensombrecía la vida doméstica de su señorito a una natural trifulca matrimonial tan habitual en toda historia de amor entre hombre y mujer] aquel trance incomprensible. Él había soportado con la agonía que comportan [como insisten los machistas] las neurasténicas rarezas de las mujeres, la no menos atrabiliaria apoteosis de rechazos en que se había atrincherado desde la misma noche de luna de miel la bella Roberta, sobrellevando, pero sin dejar de rechistar, las misteriosas razones con que ella le repudiaba, por lo general de forma irascible, sin ofrendarle el menor tipo de razonamiento, salvo el de adornar cada uno de sus desdenes, además de con algún que otro empujón, con una frase de ventolera a destiempo: "¿Quieres no insistir, so idiota?" Y así siguió Roberta, entenebreciendo las noches de insatisfacción de Carluccio, impertérrita como una marmórea medusa, tolerando desde el primer minuto que puso el pie en el domicilio esponsalicio aquellas insondables jornadas maritales con un rigor evasivo y destemplado de arpía, como si se tratara de una efímera aventura de noviazgo que, aunque había acabado en el altar, no tuviera derecho a ser consumada. Y como si le importara un bledo cualquier comentario que pudiese llegarle de fuera, lo único que hasta entonces había puesto al descubierto es que su unión con "il signore Berardi figlio" tenía todos los visos de ser una inmensa mentira romántica, un cargante bodorrio infectado así de gusanitos protectores en lo que a la consorte femenina se refería, que a Carluccio le pudrían el alma, pero sin dejar de soñar con la futura noche en que ella pudiera mostrársele más propicia para intentar su ansiada coyunda sexual. Pero Roberta, rehusando cualquier conato de compañía marital, no cejaba en su empeño de encerrarse en la otra habitación que ocupaba, empecinada desde el primer día en negarse a compartir tálamo con él. 

Y así, en aquellas extrañamente patéticas y agitadas nupcias no sólo se acumulaba la ansiedad y el desconcierto del marido despechado y de la esposa inexplicablemente díscola, sino la dolorosa visión, ahora que sus flores reverdecían, del capullo frustrado que no había acabado de florecer. Y mientras lanzaba sus manguerazos a diestro y siniestro, no dejaba de repetirse a sí mismo, cavilando con precisión las situaciones de aquel delicado proceso que lo sumía en una lloriqueante demostración de su impotencia frente al corrosivo vigor casi feminista de su desabrida Roberta. Su mujercita había sido capaz de forzar hasta límites inexplicables aquella inesperada rivalidad entre ambos nacida de un empecinamiento progresivo [cuyos actos rayaban ya en una especie de pérfida muestra de incomprensible desprecio hacia su masculinidad] a no cumplir con los ritos de íntima entrega física que la Santa Madre Iglesia, sancionadora de su unión, exigía del sagrado vínculo marital. Pero Roberta, toda ella plena del atractivo femenino más deseable, había seguido rehuyendo cualquier conato de lujurioso recogimiento nocturno con su cuerpo, perpetrando contra él una especie de burlesco, avinagrado y repetido vilipendio hacia sus naturales deseos sexuales. Y ventilando así, con furiosa dignidad incomprensible, todo contacto sentimental y carnal con Carluccio, había logrado convertir aquellos dos meses y una semana de matrimonio (no incluía ya las tres semanas restantes que llevaba viviendo en la casa materna] en una sueño dantesco del que tan sólo ella había logrado huir, aunque sin esclarecimiento alguno, y dejando a Carluccio como al pánfilo indefenso y todavía enamorado que era. La ojeriza descabellada de Roberta se refundía en constantes carcajadas frente al romanticismo ternurista, a lo edad del pavo, con que él trataba de agasajarla. 


Y aquellos patéticos lamentos amorosos, equiparables a los cocteauanos de la gran Anna Magnani en "La voce umana": "Robertina,... ti amo, ti amo, ti amo!", le resultaban tan cómicos que sin dejar de reír como una pazza, se entregaba con la misma obcección a su acostumbrada y despreciativa chaladura de matriarcal severidad. Finalmente, y por el motivo más nimio, se divertía mortificándole, y en este trance de cachondeo, se burlaba de él llamándole "Romeo idiotizado", "cursi redomado, o "encabritado sátiro insolidario y mascalzone", hasta acabar soltándole cada vez que él trataba de acercársele más de un cate con su mirada fulminante, porque Roberta, todo hay que decirlo, tenía mucho de brutísimo zascandil adolescente: 


-"¡Ni capullo siquiera... -seguía lamentándose para sus adentros Carluccio- ¡Un árbol rasposo, muerto, ¡aooo!, un... un... una plaga destructiva, esa es la verdadera conciencia de Roberta. ¡Desagradecida, orgullosa, porque a ver ¿de qué me ha servido mostrarme indefenso como una enamorada víctima que pide que le socorran mientras trata de alentar lo que mi condición de marido exige? Me tengo que volver un monje, ¡aooo!, casto y puro, y esconder noche tras noche la fogosidad de mis deseos! ¡Roberta, Roberta ¿por qué te ríes de mi amorosa desesperación?- siguió devanándose los sesos en soledad, sin dejar de soltar manguerazos a las indefensas macetas, y utilizando de nuevo sus expresiones de folletín - La culpa, ... la culpa la tienen las mujeres de tu familia, que más que mujeres parecen centinelas medievales de "Castel Sant'Angelo" ...¡No me extraña que tu padre muriera a los cuarenta años de un infarto! ¡No hay más que ver a las bigotudas de tu madre y de tus tías, solterona una y viuda la otra, ¡aooo!, auténticos cardos con pocas ganas de disfrutar de la vida! ¡No son mujeres sino monjas de clausura, con cara de carabinieri!"

En fin, que si a Roberta le dio el arrebato y, ¡zas!, visto y no visto, se largó del chalet con lo puesto, era porque no sólo había caído en la cuenta de que no se sentía feliz a su lado ["Pero ¿por qué?... ¿por qué?, ¡aooo!", se repetía incansablemente Carluccio], sino porque, -es un suponer-, se habría hallado de pronto acometida por la higiene de la casta vergüenza a entregarse a los placeres carnales, o porque, ¡cualquiera lo habría dicho!, no iban por ahí sus inclinaciones y tendencias femeninas, que era como seguir sacándole provecho al músculo virginal, que para eso había estado púdicamente protegido durante veinte años. A lo mejor también lo que pasaba es que, después de haber soltado el "si quiero" ante el altar, podría haber llegado a la conclusión inesperadamente de que no era más que una mojigata [aunque con un genio de mil demonios], y que eso de ponerse de piernas a la remanguillé ante el rijoso Priapo en que se había convertido su contrayente era cosa de indígenas amazónicos o de ansiosas ninfómanas, "¡hala, hala!", o de indefensas doncellas, "¡qué horror!", que, al igual que aquellas infantas godas prisioneras en los torreones feudales, no tenían más remedio que dejarse mancillar por los más pecaminosos ataques y la lujuria repugnante, "¡hala, hala!", con que algunos bárbaros normandos, velludos, apestosos y con bigotes y melenas de medio metro, tanto disfrutaban violentándolas como trofeos de guerra allá por la era de las invasiones. Claro que aquello era ya mucho elucubrar, porque el pobre tintorero Berardi Carluccio habría jurado ante cualquier juez, en el caso extremo de tener que recurrir al divorcio, que en sus tres meses y medio de matrimonio, sin contar las dos semanas en que se pusieron de novios, allí no había habido más normanda que Roberta [nombre este muy apañado para aquella garrida joven, de buenas carnes, puesto que normando -también apodado vikingo- era el origen de su patronímico, y Roberto, llamado el Guiscardo, instalado en la Apulia medieval, al sur de Italia, allá por el filo del año mil, fue el más famoso, bigotudo y barbudo de estos vikingos capaz de enfrentarse con sus bandas de mercenarios a las guarniciones de Bizancio que aún formaban una gran cabeza de puente militar en la primitiva bota italiana, desbaratándolas y desalojándolas de allí entre aterradores baños de sangre]. No era, pues, de extrañar que, visto lo visto, los instintos más íntimos de Roberta Nicoletta se pareciesen más, por poner un ejemplo, a los de un profesional de lucha libre que a los de una sumisa desposada, porque ya en su luna de miel en Venecia había estado repartiéndole estopa a su desmarrido cónyuge como un lancero bengalí que quisiera defenderse de las acometidas itifálicas de otro lancero bengalí de dudosa masculinidad. En efecto, en el regreso a Roma, Carluccio había aparecido cubierto de tiritas protectoras de inexplicables arañazos por todo el rostro, y con el ojo derecho a la funerala], y cuando intentó explicar a sus amistades [ya que no a su suegra ni al resto de parientes de su mujer, que, todo hay que decirlo, no preguntaron nada; se conoce que estaban al tanto de las brutales características defensivas de Roberta] el motivo de aquella especie de inmolación sangrienta que lucía su cara junto al verdugón del ojo, no se le ocurrió mejor excusa que soltar con sentido casi deportivo: "¡Que voy a decirles que no sepan!", cuando en realidad lo que hubiera deseado es que viniera San Antonio, mártir de las tentaciones no consumadas, a explicarlo.


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miércoles, 1 de marzo de 2017

The Case of the Woman Vase Ibérica, and her husband, opportunist and shit a little (El caso de la mujer florero Ibérica, y su marido, chupóptero y cagapoquito)









Autor: Tassilon-Stavros

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THE CASE OF THE WOMAN VASE 

 

 

 

IBÉRICA, 

 

 

 

AND HER HUSBAND,

 

 

 

OPPORTUNIST AND SHIT A LITTLE,

 

(EL CASO DE LA MUJER FLORERO 

 

 

 

IBÉRICA,  Y SU MARIDO,

 

 

 

CHUPÓPTERO Y CAGAPOQUITO



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 Cronicón del siglo XXI
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Que el triunfalismo capitalista, los entramados societarios, sus nepotismos, los blanqueos de dinero y las encubiertas cuentas del peculado [o fraude, para mejor entendernos] sigan convirtiéndose, en pleno siglo XXI, en causas de satisfactorios desviacionismos entre los cagapoquitos que mean en níveos inodoros que parecen haber sido cincelados con mármol de Carrara en lugar del Roca de toda la vida, mientras sus consortes, no menos meonas que los hijos e hijas de ¡pche! la Vulgata quizá... "¿La de San Jerónimo?... Pues, ¿chi lo sa?..., a lo mejor sí!...",  y disfruten para lavarse las vergüenzas [antes lo hacían todo en sus barrocamente adornadas bañeras aristocráticas con sus grifos de áureo pritiminí] de bidets del mismo material de alabastro aporcelanado, o duchas con chorros antirreumáticos y relajantes jacuzzis para hidromasajes, no es un disparate que pueda producir reacciones desagradables en quien lo lea.
Las administraciones del lujo desaforado sometidas a un maleable control periférico en los pasados engranajes impunes de cuantos siglos áulicos nos han precedido, ya fueran los reinados de Borbones o Austrias [porque con los Orientales, cualquiera se mete], siguen y seguirán respondiendo de sus conductas, tantas veces abyectas [como siempre nos ha refrendado la Historia], solamente ante Dios.
Y así, con sus "emblemas heráldicos” y sus instauraciones aristocráticas,  acumuladoras de colosales fortunas, conseguidas en infinidad de ocasiones a través de las cloacas institucionales del Poder más reaccionario, se siguen manteniendo como espectadores privilegiados frente a las luchas del pueblo por su supervivencia. 

¡¡Hola
, Hola
,!! no vayas sola

¡Y que sigan las alegrías revisteras para sus masas lectoras!


¡A ver si dejamos de hacer los panolis ya de una vez, hombre! Porque a estos  "feudos prolijos", por más que se diga y diga, y por más que se erijan en nuestros regios representantes ante las potencias del mundo, ya sean Monarquías Parlamentarias, Soberanías Papales o más o menos saneadas Repúblicas [que lograron deshacerse de las Coronas, aunque, por desgracia, no de la corrupción], y por mucha filigrana revistera que los fotografíe a fin de seguir desfilando y refregando sus imágenes pudientes en yates de lujo, cenas pantagruélicas y habitats palaciegos de los que quitan el hipo por las narices curiosonas de las masas que se entretienen en ojearlas, dicha supervivencia proletaria carente, por lo general, de la más mínima prerrogativa en lo que al bienestar social se refiere, les siguen siendo ajenas o, lo que es lo mismo, como más de un republicano de pro diría ¡importándoles una higa!

Y esta especie de infierno mitigado de la realeza y su corrupta aristocracia palaciega con el que no ha tenido más remedio que apechugar el sufrido urbanite o ciudadano de a pie, ya fuera de clase muy baja o de clase media, como se especificó cuando parecía al fin garantizada una perfecta Democracia para el pueblo, vive, todavía hoy, felizmente instalada entre nuestras patrimoniales administraciones políticas, aunque se las llame Monarquías Parlamentarias. 

Claro que si damos un paso gigante hacia atrás, no nos faltarían elementos para poder pronunciar un juicio seguro, en nada excesivo y más bien nefasto, al corroborar que los imperios, reinos y otras dignidades de politiqueo en su sentido más solemne pocas veces han alcanzado reposo o se han desvanecido en el aire por la salvación de los Estados, sino que, entre incalculables enfrentamientos, con derramamientos de sangre incluidos, o probablemente con buena fe como nos han tratado de explicar los iluminados seguidores del sentido solemne que impera en las realezas, éstas han conseguido ser saludadas secularmente como una purificación al servicio de la ciudadanía que los ensalzara, consiguiendo su más notorio resultado al verse convertidas, todavía en pleno siglo XXI, en las principales protagonistas de la Historia.

Y pese a que también sufrieron sus purgas revolucionarias, en las que muchos reyes y reinas ofrecieron el cuello al hacha del verdugo, a la guillotina o a la escabechina indiscriminada de todo el estamento zarista-familiar, ya fuera en Inglaterra, Francia o la Unión Soviética, el sentido solemne, majestuoso [para los más obnubilados] de la dignidad real siguió ejerciendo durante centurias sus poderes heredados y absolutistas, a caballo de las intrigas palaciegas, de los altísimos estamentos del clero Papal, y siempre protegidos por el más amenazador de los estratos: la sagacidad interesada del militarismo, al que siempre fue necesario compensar para conservarlo definitivamente sometido a los dictámenes imperiales, siglo tras siglo, a fin de ahogar las hostilidades y los descontentos que durante tantas de esas centurias han irritado, aunque con contados triunfos, al elemento populista que habitara los feudos y ciudades del planeta. Si esta política monárquica que hoy, merced a las Democracias imperantes [y que ya se halla por fin más distendida aunque no menos acomodada], fue justa o equivocada es algo que sólo puede juzgar la Historia, y para quien quiera picotear su maíz  gallináceo, ahí están los libros y las hemerotecas.   
En cuanto a aquellas incontables consortes reales de antaño, “hervidas en rocío y aromadas con clavo y azahar”, que dijo algún poeta trasnochado, que nunca escatimaron la menor discreción regia [siempre se ha pretendido asegurar que por razones de Estado, aunque -salvo alguna contada excepción- eso no hay dios que se lo crea] tampoco dejaron de mosconear sus caprichos e intrigas tras la oreja soberana del consorte que les había tocado en suerte, estilo Anne Boleyn, Marie Antoinette de Austria o la cruel heroína de ficción [creada por Edward de Vere, XVII conde de Oxford {1550-1604}, alias William Shakespeare] Lady Macbeth [y que todos sabemos cómo acabaron], tratando de desarrollar, para sus propios disfrutes, un verdadero y propio sentido de Estado, no sólo en asuntos políticos sino también en las grandes cuestiones espirituales y religiosas: verbigracia Gala Placidia de Ravena y la basilissa monofisita Teodora de Bizancio [defensora a ultranza del monofisismo, doctrina teológica que sostenía que en Jesucristo sólo estaba presente la naturaleza divina, pero no la humana], o, por contra, la Cristiana-Apostólica-Romana reina madre de Francia, Catalina de Médici, inexorable promotora, junto a sus consejeros católicos, de la famosa "Matanza de San Bartolomé" en París, la noche del 23 al 24 de agosto de 1572, cuyas calles se vieron ensangrentadas por la masacre indiscriminada –hombres, mujeres y niños- de hugonotes.

Hoy la vida social de las mujeres trabajadoras, aunque dediquen una parte de su tiempo al hogar y "sin perder sus funciones naturales maternales y su feminidad" [que suena a chunga machista], merced a la emancipación o igualdad con el hombre que les ha concedido por fin la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI [aunque injustamente sigan cobrando menos que sus congéneres masculinos por ejercer los mismos cometidos laborales] es mucho más experta, instruida e inteligente [y para nuestra satisfacción varonil -salvo para los que practican la violencia de género, porque a esos habría que castrarlos a todos- pueden afortunadamente ocupar puestos relevantes en las áreas laborales y profesionales [política, ejército, etc. etc.] que ya les debíamos, erigiéndose en flamencas y peleonas como está mandado, y teniendo en cuenta que en tales lides hay que sacar el genio de vez en cuando, aunque a veces haya alguna que para no perder su statu quo en el Congreso de Diputados se obnubile creyendo que el jaguar que ha visto en el garaje -y comprado, sabe Dios por qué medios, por el marido subrepticiamente sablista- sea el viejo Seat 600 camuflado de, ¡pche!, su suegro, por poner un ejemplo.




Y de postre... "Lo que Bankia se llevó"


Pero en lo que se refiere a las damas de alcurnia  [como se las llamaba en el decimonónico], aunque sigan desentumeciendo los engranajes de su cursilería por estar casadas con maridos de posibles, encargados de afanar fortunas dignas de sus consortes antes de que peinen canas [bueno, a  veces los hay calvos, o con la melenilla rubio-teñida disimuladora a lo Mr. Trump, aunque ahora las canas hacen su aparición también cuando ya se rondan los cuarenta] han habilitado para que se las tenga en consideración una especie de ramilletero o vistoso tiesto, digno, disciplinado y gazmoño, donde conservarse como "mujeres florero". Y con tal postura [para qué negarlo, porque tenemos casos a porrillo] se fingen algo despistadas, aunque no menos aprovechadas, en lo que a las labores gananciales de sus mariditos se refiere, muchos de los cuales van de tycoons por la vida. Y como ya es de dominio público y notorio, incluso se permiten aumentar sus retribuciones con el dinero de todos los contribuyentes [incluidos los pobres "preferentistas", gran parte del sufrido pueblo que sudó la gota gorda trabajando e invirtiendo los ahorros de toda una vida en participaciones preferentes y deudas subordinadas de las antiguas Cajas de Ahorros, que, tras amenazar ruina, fueron rescatadas con nuestros impuestos -Caja de Madrid hoy Bankia- la peor de todas, nos costó unos 12.347 millones de euros-] Muchos de estos magnates del latrocinio organizaron, además, el mayor escándalo de la crisis financiera con la creación de las hoy ya famosas y opacas Tarjetas Black, cuyo uso indiscriminado les facultó para seguir incrementando, de forma extraoficial, sus ya millonarias retribuciones. Apropiación indebida y facinerosa del dinero del contribuyente, mermando así el caudal de la por entonces preeminente Caja de Madrid, y con las que se permitieron el lujo -diría un buen historiador- de "abandonarse a sí mismos", disfrutando de un boato digno de "Las mil y una noches", y viviendo en casoplones resplandecientes de suntuosidad, y, además, gastando euros a troche y moche en juergas manchadas por el chabacanismo más grosero, buenas comilonas dignas de Trimalción con la previsible bacanal incluida, masajes filipinos, puterío homo o hétero, y compras de lencería fina o joyerío de todo tipo -quizás para sus consortes floreras o may be para sus querindongas de turno-, y hasta en entierros familiares de pompa  imperialista.Y así, la corrupción ha resultado tanto más eficaz cuanto que se conciliaba perfectamente con la acomodada vida de estos tycoons y sus "mujeres florero"; ex-presidentes, ex-directivos y "ex lo que hayan sido durante un par de décadas". El primero de ellos el presidente de la Entidad citada, Mr. Miguel Blesa -contra el que arremetió, antes de las Tarjetas Black, Mr. Elpidio Silva, juez penalista, autor de "La Justicia Desahuciada" y "La verdad sobre el caso Blesa" [hoy apartado por la Audiencia Nacional de la Jurisprudencia al haber sido imputado por filtrar los correos del corrupto directivo de Bankia, que con total desvergüenza se mofó de toda Spain, entrando en la cárcel, -a instancias de Don Elpidio-, y saliendo prepotentemente de ella a los cuatro días. Por lo que el magnífico Silva no dudó en tachar a la "la Justicia de Monster's Ball, asegurando que castiga a pobres y absuelve o consuela a poderosos". [El abogado defensor del juez Elpidio, cuya notoriedad por haber encarcelado al deshonesto ex-presidente de Bankia no ha caído en saco de olvido, hoy exclama sin la menor reserva que "el tiempo nos ha dado la razón"]. Estos auténticos buitres carroñeros y sin la menor conciencia social con Miguel Blesa y Rodrigo Rato a la cabeza, seguidos de Morales, Santíns, Baqueros y hasta 60 chupópteros más, que dilapidaron con sus Tarjetas Black, en dispendios de escandalosa bambolla, la cifra record de 12 milloncejos de euros, usándolas, como se dijo, "para gastos personales y propios, que no contaban con respaldo contractual alguno, y no fueron por ello debidamente declaradas a Hacienda", se han sentado, por fin, y para su humillación y vergüenza [si es que la tienen, cosa que muchos dudamos] en el banquillo de los acusados, aunque como ya ha ratificado la Audiencia Nacional, pese a las condenas a prisión que se les han aplicado [6 años a Blesa, 4 años a Rato, etc. etc.], ninguno de ellos pisará la cárcel ni devolverá lo robado. ¡Era de esperar con esta imperante Jurisprudencia tan laxa, al parecer únicamente pensada, -y el pueblo cada día lo ve más claro-, para el roba gallinas, que es el que siempre acaba entre rejas! Pero no por elloir leyendo: http://www.libremercado.com/2016-09-22/tarjetas-black-cuando-nacen-que-son-y-como-se- vamos a dejar aquí en saco roto las mordidas cojoneras de la "Trama Gürtel", con esas pandas de bellacos y desalmados como son sus Bárcenas, Correas, Pérez "Bigotes", Crespos y Sánchez; las dentelladas valencianas de las financiaciones ilegales de algún que otro Camps; la "Operación Taula" con sus Salom, sus Novo y sus Grau, ni la corrupción municipal y regional de la "Operación Púnica Granatum", velada referencia a su promotor, hoy, aunque parezca increíble, en prisión provisional, Mr. Francisco Granados, ni al sibarítico ex-ministro de  Industria, Energía y Turismo, con apellido de provincia castellana [que tuvo que dimitir por su implicación en los Papeles de Panamá -contrataciones fraudulentas de la firma de abogados panameña "Mossack Fonseca", cuyos servicios consistían en fundar y establecer compañías inscritas en un paraíso fiscal -nuevas cuentas opacas de cuanta corruptela nos envuelve-], que, además, se concedía sus buenos recreos vacacionales en un hotel de lujo en Punta Cana, asegurando que se pagaba sus escapaditas caribeñas con los miles de euros atesorados en su etapa ministerial, hoy reconocido periodísticamente como "mentiroso compulsivo"


Un trolero compulsivo casi equiparable al Mr. EE.UU., que según indica el prestigioso periódico norteamericano Washington Post en 39 días de presidencia ha soltado ya más de 140 embustes ante la gran nación que lo ha encumbrado, y que ya se hizo acreedor durante su campaña del "59 Four-Pinocchio rating", records que van concediendo a los políticos más mentirosos de USA: [Donald Trump was easily the biggest liar in U.S. politics this year, according to the Washington Post’s fact-checker. They added, “During the campaign, Trump earned 59 Four-Pinocchio ratings, compared with seven for Hillary Clinton. Since winning the presidency, Trump has earned four more Four-Pinocchio ratings, and his staff has earned one, as well. Unfortunately, we see little indication that this pattern will change during his presidency. This all comes after the Post gave Trump the same unenviable distinction last year.”] La última noticia que nos llega de Mr. Trump es su proposición de aumentar en USA el gasto en defensa de su inmenso país: "The proposal to increase military spending by $54 billion and cut nonmilitary programs by the same amount was unveiled by White House officials as they prepared the president’s plans for next year’s federal budget". Esperemos -aunque we doubt it- que dicho incremento sirva, por lo menos, para acabar con el reino del terror impuesto en el mundo por el Daesh. Hoy, nuevamente, pasados ya sus 41 jornadas presidenciales,  se le vuelven a contabilizar a este gran Pinocchio 162 mentiras.

“The flower vase women” [nos vamos a dar el gustazo de ponerlo en inglés porque así queda de película], cónyuges de estos tycoons suelen desarrollar con respecto al matrimonio una política en la que se alterna una especie de "aguijón mosquita muerta" de social comportamiento peripatético [cuya acepción más preclara, partiendo de las enseñanzas de Aristóteles, viene a ser algo así como ridícula y extravagante] y la distensión de los muslos cuando, sabedoras de su poderío y de su importancia, ponen su grupa venusiana a disposición del macho, procreando hijos a porrillo. Y casi todas aseguran no mostrar empeño alguno en cuestiones de Estado o en los graves problemas políticos que a todos nos rejonean como a los pobres toros que todavía sufren, ya sea en la Maestranza de Sevilla o en las Ventas de Madrid, lo que no sufren los conejos automáticos en las corridas de galgos. Pero, aunque nos parezca que lo disimulan bien, con mucho saber estar y mucho “tronío” [¡qué folklóricas han sido siempre estas “enteraíllas” Ibéricas!”] hoy, muchas de ellas, poseen, como es de cajón y están en su derecho, su buena cultura [literaria, clásica, administrativa, y, a lo mejor, hasta “rockera”], y conocen perfectamente las leyes y los intríngulis y contubernios provechosos del Estado.Y, ¡para qué vamos a engañarnos!, les encanta vivir como damas de alcurnia, y como duquesas, marquesas, y hasta como aristócratas que pudieran pasar de Infantas a Sissi Emperatriz, marcando paso y postura de abolengo como alguna tatarabuela Isabelina, aunque ya no luzcan pechera a lo gallina clueca, bien albergada en los corsés, ni exagerando hasta lo inverosímil la figura del pandero con aquellos armazones interiores o tontillos que recubrían y abultaban sus faldas o vestidos principescos, a fin de perfilar desmesuradamente las curvas femeninas. Y es que ya, desde el XX, todo quisque, sea hombre o mujer, se viste al buen tuntún o como le salga de la chola, y ellas prefieren usar wonderbrass para resaltar la pechera, inflarse los senos con implantes de silicona [o recortándoselos y volviéndoselos a insertar, como Angelina Jolie, a fin de evitar posibles complicaciones hospitalarias, ya que más vale prevenir que curar], y lucir también tejanos agujereados con bragueta masculina no abultada pero que también resaltan sus amplios y sensuales glúteos. Y así, este nuevo reinado femenino, en contacto con esta civilización que todavía les ofrenda algún pedazo de trono valetudinario a lo "Infanta Bienaventurada", y por medio del cual creen que aún queda mucho poder en sus manos [porque nunca falta la vieja tonta que les haga una reverencia] hay que ser sinceros y reconocer que no ha empezado a corromperse [actos que ya vienen de antiguo] porque hayan comido y sigan comiendo en vajillas de plata, y se pongan también modelitos de las mejores firmas parisinas, dado que, como todos sabemos, los cuartos no les faltan, y en cuanto a planta, tienen tan buena bola, digo planta, como la tuvo el dibujo de Blancanieves, o la pudo tener hasta Semíramis, Cleopatra o Mesalina, aunque, claro está, con la visión del siglo XXI.

Y como aquí quiero echarle bemoles al noble arte de estas floripondias, vaporosas, volatineras, y pijas folklóricas tipo Pantojonas [que ya pisó celda por agenciarse algún milloncejo de extranjis en Marbella y que hoy vuelve a los escenarios en plan diva roba gallinas de pro]; etéreas y finolis Preysleronas, que tan pronto imponen su cursilón contrapunto televisivo -anunciador-publicista en el bombón Ferrérico Rochero como en el intransitablemente brillante y resbaladizo suelo Porcelanosado -como no sea ella la que ponga su pie de Cenicienta ya acomodada, yendo como ha ido del Churchs al Falconetero, y del Boyero al Várgasme Dios Llosero, "y sigo tirando porque siempre me toca"-, o fatuas, endiosadas, arrogantes y altivas Ferrusolonas Pujoleras, ex primeras damas de Autonomías con complejo de superioridad [que de Presidentas floristeras, negociantas millonarias capaces de cobrar lo inverosímil por un cesped de campo futbolístico y mercadear ramos de flores para fiestas de protocolo linajudo por valor de hasta un millón de calés franquistas -las viejas pesetas- a una exquisita cantante de Ópera, entradita en carnes y capaz de hundir con sus buenas posaderas hasta las gradas de un teatro al aire libre, han sido capaces de negar el fortunón que ocultan -se calcula que unos tres mil millones de euros, ¡una minucia!-, distribuidos de aquí para Andorra, y de Andorra, con toda impunidad, recolocados probablemente en opacos paraísos fiscales] capaces de lloriquear ante cualquier Comisión investigadora por blanqueo de capitales que por ser la presidencial cónyuge Pujolera [látigo vilipendiador de los xarnegos llegados del resto de España que, según confesó para TV3: "Mai reconeixeria  como a President de la Generalitat Catalana a un cordovès como Mr. José Montilla" ¡Joer con la autárquica xenófoba!"], con su buen dinero ganado en la floristería del mejor bulevard Barcelonés, utilizaba sus ganancias en colaborar asiduamente en "Fundaciones de niños con cáncer" en Andorra, y que ni ella, ni su "Corte del Faraón" -marido y avispada prole de siete hijos [también expedientados]: "Mereixian aquesta humiliació, i que els ferraris del seu fill major -el mes espavilat- eren pura ferralla arreglada, i que gairabé tots ells estaven amb una mà devant i una altra darrere" [Sería para llevarse a escondidas bolsas de 500 euros a Andorra]


Y así no me duelen prendas en traer a colación a una tal Felipa Bachiller Iberia -por más inri-, guapetona ella, que se fotografió con arpa en daguerrotipo, y que quiso ser poetisa pero le faltó la ambición, y todo se quedó en imaginación, aunque nunca cesó de regurgitar finezas históricas del estilo de: ¡”Qué suerte tuvo la Gala Placidia, casadita toda vestida de blanco, junto a su visigodo Ataulfo, que en la sucesión del Imperio, le añadió propina de buen bulto!”. Y es que, a veces, en casos muy resonantes que llegan hasta las Monarquías imperantes, algunas de estas "mujeres florero" están dispuestas a casarse con un toca-pelotas de fina pelambrera castaña, calculador y diablillo tirando a angelín, lleno de calor humano, y claro, físicamente imponentemente abultado. [Más tarde, en lo que a sus atributos masculinos se refiere, a estos peloteros del braguetazo también les da por twitear –seguimos en el XXI- ocurrencias lúbricas y chistes groseros del estilo de “empalmados” que añaden a la gloria adquirida con el ídem –el braguetazo-] “¡Qué horror, eso suena a jumera” “Pues sí, pero a jumera crematística bien dotada”..."Bueno, también la británica princesa Margarita, hija del monarca Jorge VI y hermana menor de la nonagenaria Elizabeth II, cayó rendida a los pies de su fotógrafo Anthony Charles Robert Armstrong-Jones, nombrado luego, por el braguetazo que pegó, conde de Snowdon y vizconde Linley de Nymans, y todos los ingleses se quedaron tan frescos, ¿no?... Pues, sí..."

El caso es que la "mujer florero", sea de prestigio imperial u oficinista de pro, bien remunerada [según se cuenta las hay que ganan 150.000 eurazos al año por ser simplemente "Directoras de alguna Obra Social Caixera", labor que hasta se puede desempeñar en la civilizada Suiza -¡lástima no lo fuera también en Tombuctú!], triunfante, eficaz, conspicua y reverenciable en más de un caso por "Iinfanzona Ibérica" [¡no confundir con el "Jamón Ibérico" de Jabugo!], jamás se adentra en los misteriosos detalles que puedan apolillar subrepticiamente las ambiciones del guapo mozo con el que comparte sus lúbricas noches de tálamo conyugal, ni traduzca a la menor concepción política [o tejemanejes más clarificadores como los de malversación, fraude, prevaricación, falsedad y blanqueo de capitales] la esplendidez y vida regalada que de pronto se establece en el reino de su hogar.

“The flower vase woman”, aun a riesgo de parecer tonta [sólo parecerlo, que conste] únicamente salvaguarda sus puntillos de honra. Y jamás amenazará a su Ataulfo de turno con ataques de susceptibilidad, aceptando la tutela cohabitadora con ese placer marital que la acaricia cada noche y sin enterarse de dónde "Nóos salía el dinerín" [es un decir, aunque luego, a lo mejor en alguna pantomima futura, como podría ser un juicio por evasión fiscal regentado por alguna Fiscal del mismo sexo, de esas que, pese a que se recubran con sus negras tocas que recuerdan a las componentes de un aquelarre tipo Zugarramurdi, logran conmoverla -a la fiscal, ya sea una o sean tres- con la sonrisa dolorida de sus regios labios, por los supuestos ultrajes que ha ido recibiendo sin pestañear, cual una verdadera princesa enamorada, y con toda su tierna humildad de mujercita ideal que, además de trabajar en La Caixa, se hubiese pasado la vida fregando platos y planchando camisas y pantalones al volver a casa agotada de su día laboral, obviando cualquier gala de la gran pompa domiciliaria que la rodeó, comprándose tresillos, cuentan las malas lenguas, que hasta de 200.000 mil euros cada uno]. Ella, la "mujer florero" tan sólo se sintió esclava de la pasión por el Ataulfo de fino pelo castaño, que con sumo gusto y selecta voluntad marital, andaba yendo del lecho a la idea amortizadora y de la idea amortizadora al lecho... principesco, se entiende: ¡”Claro que sí! ¡Stop deshaucios! ¡En mi palacete de 1500 cuadrados no faltará el tresillo ni el pan! ¡Tengo un remedio infalible, un sueño de horas de gloria entre bandejas de piezas de pedrerías convertidas en euros y saqueadas con buen tino y promesas solemnes de beneficencia al Erario Público! ¡Ahora soy otro hombre! Now, I’m a real tycoon of bussiness!...¡Y ya no soy un muerto de hambre guaperín que sólo tocaba pelotas! ¡Suegro, estiré por allí nuestra alfombra soberana, que tengo que hablarle!...”

“The flower vase woman” peliculera o Infanta es siempre afectuosa, fiel, y no hay quien le quite del rostro [¡menudo rostro!] cierta sonrisa bobalicona [otros dirían socarrona] aunque con la distensión adolescente de la melancolía apasionada,  cuyo valor simbólico es mezclar el acontecimiento amenazador en que se ve envuelta con el idilio lacrimógeno de unas intrigas [ya sean familiares o políticas] a lo “Romeo y Julieta”. Y aunque por una vez la Jurisprudencia y el pueblo han estado de acuerdo en que, para ofrecer las mejores garantías de equidad a sus consanguíneos populistas, había que desplegar las velas justicieras, y evitar que los que pudieron huir, no huyeran [aunque en vez de vivir en aquel palacete de 1500 metros cuadrados y 15 millones de euros, aceptasen mudarse a buen pisazo todo confort en algún rincón acogedor del planeta europeo donde, aparte de los paparazzi, la gente prefiere ignorar si “The flower vase woman” y su deportivo cónyuge [que hace footing todas las mañanas y se pasea en bicicleta tan ancho y pancho] han hecho bien o mal. Y es que hay civilizaciones por ahí, todavía hoy, -aunque parezca tan increíble como las absoluciones  fiscales que tan al día están-, a las que todo y todos, por muchos desmanes que cometan, se la refanfinflan].

El caso es que aunque al castaño claro Ataulfo, aparte de las pelotas, le faltase un mínimo de cultura capitalista, éste no dejaba  por ello de rodear a la "mujer florero" de  todo tipo de lujos, y ella, erre que erre, seguía convencida de que vivía también, como los Blacks y sus consortes, en el cuento de “Las mil y una noches”, merced “al culto a la personalidad” de que se hacía objeto a su cortesano Caid, al encanto masculino que de él emanaba, y que, aun siendo tan gallináceo en su palabrería encubridora de fechorías sociales por ser yerno de quien era, jamás podría haber maquinado, ni con hechos ni con el pensamiento ni mucho menos con actos delictivos, esa perpetrada alianza de “Torres más altas” con que se le vilipendiaba en el Castro de la Jurisprudencia, e incapaz por tanto de provocar la catástrofe familiar que había provocado por un quítame allá esas cuatro pajas de ambición y avidez por los cuatro sagrados maravedíes, séanse, en euros, unos 16 milloncejos de nada.

Mientras tanto, la infanzona "mujer florero" [bien asesorada por algún Rocadur, que no tiene nada que ver con los inodoros y un "Horrachmonster viene a verme", capaces de consolidar -aunque no lo pretendan ni remotamente-, con sus directrices absolutorias "las bases para instaurar la III República en la Iberia del siglo XXI", y mandar al "monárquico papi cazador de elefantes" a una esquina pedigüeña con un letrero de los muchos con que tropezamos a diario por nuestras contaminadas ciudades, sigue insistiendo en sus repetidas tonturrias del “No sé", "No me consta", "No lo recuerdo", "Fue Iñaki", cual analfabeta recalcitrante que ignoraba que era ese “Noos Ong... Aizon’s no se qué”, ni para qué servía [por aquel entonces se suponía que era, como ella también presidía en su buen despacho "Caixero", y mediante sabrosos sablazos por ser yerno de quien era, para alguna otra "Obra Social"], ni dónde estaba localizado, pero seguía firmando misteriosos documentos guiada siempre por su vegetativo y melancólico carácter romántico, porque en su cabeza no habían más que ensoñaciones millonarias y pasiones en su corazón. Y una guía para tontos-listos que más que por la inteligencia, se dejaban llevar por su instintivo sentido de realeza, esa [¡a ver si nos enteramos de una vez, que parecemos gilipollas!] que tantos lujos proporciona sin saber por qué ni quien los paga [mejor no saberlo, claro está] Y ahora viene a cuento recordar lo que dijo un historiador europeo con poco acierto y menos tino, cuyo nombre no revelaré: “Los Borbones no olvidan nada, pero tampoco aprenden nada, aunque se líen a zamarrazos” Claro, que eso no hay quien se lo crea. "¡Quite, quite! Con la escasez de reyes que tenemos, y los que tenemos ¡hay que ver lo bien que nos representan!, que poco sentido de responsabilidad patriótica la suya con la Corona, que es la que une a todos los españoles. Deje esa marrullería republicana-independentista para los giliflautas referundistas..."

El Gobierno de España aplicará el "estado de excepción" si Cataluña convoca el referendum separatista
"Catalonia story y los Visitantes"

"¡Cierto, cierto, no he dicho nada!, ¡Vade retro a todas las tendencias plebiscitarias separatistas, y más cuando hoy, por fin, un empresario escaldado ha sido capaz de declarar en secreto que su ex-presidente "indepe" daba instrucciones sobre pagos irregulares con los que financiar su Partido y, al mismo tiempo, "omplir-se les butxaques", tanto él como su ex-consejero! Y la buena noticia es que, por fin, la Audiencia de Barcelona juzga desde este martes a estos saqueadores confesos de "Palau de la Música" Fèlix Millet y Jordi Montull, que organizaron en Barcelona, allá por el 2009, ese desfalco histórico de unos 35 millones de euros, con los que se sufragaron bodas de las dos hijas de Mr. Millet de hasta 125.000 y 81.000 euros, viajes a la Polinesia, arreglos domésticos millonarios, y otros etc. , en uno de los juicios sobre corrupción más esperados en Catalonia. Y en el que el ex tesorero de CDC Daniel Osàcar está acusado por su papel clave en el supuesto pago de comisiones al partido, de los que el PDEcat, antigua CDC -con todas sus sedes embargadas- aceptó mordidas de comisiones de 6,6 millones de euros para su formación política, recibidas, entre otras, de la Entidad Ferrovial, a través del Palau, a cambio de la adjudicación de obra pública en los gobiernos de Jordi Pujol y Artur Mas [quien, para más inri, ¿nuevo mentiroso compulsivo? -ante las alegaciones de Mr. Montull de que las comisiones pasaron del 3 al 4% porque CDC pedía más y más dinero- afirma que las acusaciones de Millet y Montull son "pura invención" Pero, con todo y ello, Mr. Mas insiste en que no piensa dejar la política, y  afirma, después de tanto latrocinio y tanto pujolismo corrupto, que "construir un país como los mejores del mundo costará 20 años, una generación entera, pero lo podemos hacer y valdrá la pena" -¿Será para seguir con sus tracatracas?- según el palabrejo de Mr. Eduardo Inda- Y que como dirigente del nuevo PDeCAT defiende la secesión "no por razones identitarias o históricas" sino por "lo que podemos llegar a ser" Una edificante historia de como construir una independencia basada en la más beneficiosa corruptela, precisión y fidelidad a la "pela", amparadora del siempre enfermizo nacionalismo. ¡I no tempteu al déu Pujol, perquè, com es cabregi, mourà totes les branques de l'arbre corrupte catalónico, i encara riurem més... o MAS  -¡RIP, please!... després dels seus 2 anys d'inhabilitació... i que no ressusciti"-

Catalonia: Caso Pretoria -Estira i estira de la catifa i mai s'acaba. ¡Quina pesta!
 
11 acusados
Entre el 13 de marzo y el 25 de septiembre se sentarán en el banquillo de los acusados 11 personas relacionadas con la trama. Además de Alavedra, Prenafeta, Muñoz y Luigi, También se serán juzgados Manuel Valera Navarro, Manuel Dobarco Touriño, José Singla Barceló, Manuel Carrillo Martín, Gloria Torres Pladellorens, Philip Mahan y María Lluisa Mas Crussels (esposa de Prenafeta). Todos ellos cargos públicos o empresarios de la época.

Epílogo adocenado de la corrupción, de poco aprovechamiento: La Jurisprudencia chamulla muchas frases que suenan a cuento. Se conoce que les mueve siempre la esperanza de que, como en las novelas, -siempre y cuando estas no sean de terror a lo Stephen King- haya por lo menos una posibilidad de que hasta las peores cosas se arreglen. Así vemos y oímos que los delincuentes, sean roba gallinas o, como ahora se les llama, de "culto", que son los más buscados y menos castigados -y cuya lista, además de los ya referenciados, sería inacabable detallar aquí, ni creo que ya valga la pena hacerlo después de todo lo que le hemos dado a la sinhueso mediante la tecla- no se lamentan demasiado porque saben que nunca los declararán aptos para vivir de la beneficencia. Y por muchas auditorías con que se pretenda pegarles el castañazo a fin de descubrir dónde ocultan sus fortunas, o cómo las han adquirido, o se les enjuicie para que acaben devolviendo las corruptelas sustraídas, aunque sea por medio de alguna leve Amnistía Fiscal que no conlleve algún patatús para el oculto evasor de fortunas, a última hora o a destiempo, todo tipo de peculado se disuelve con disimulo político. Los jueces de la Audiencia Nacional, como podría ser algún Blandino Gutiérrez Peregrino de turno, a todo degenerado corrupto, al que a veces se le retira el pasaporte como medida cautelar, [pero ¡para lo que sirve!, porque más de uno o una acaba haciéndonos la peineta], y aunque primero se den el gustazo de asombrar al país con condenas de años casi tan infinitos como los años luz que nos separan del "Sistema Solar Trappist-1", recién descubierto, con su solecito y sus 7 planetas, y que te escalofrían de tanto gustirrinín justiciero, acaban, en lugar de con arenilla en el riñón, con arenilla en los ojos, porque acaban librando del trullo a todos estos gángsters que nos arruinan con sus trapicheos de ostentación y vanidad mangante. Y así, nos dejan a todos los demás -séase, el sufrido pueblo que las pasa canutas para llegar a final de mes- como auténticos cenizos, viendo que si restituyen algo, por aquello de alguna que otra fianza para librarse del enrejado, de todo cuanto trajinaron no devuelven más que la calderilla. Y además, que como aquel que ya no tiene nada que perder [porque el buen forraje sigue dando rédito en sus paraísos fiscales], después de chupar portadas de periódicos de todo el mundo, o disfrutar de sus famositis en TV, bullidas de mentiras, nutridas de sablazos, y esperanzadas para acabar pateándose los euros robados como mejor le salga de los pelendengues cuando, en lugar de seguir escribiendo sobre ellos, o fotografiándolos por doquier, se echen los borrones del olvido sobre sus infames jetas de sublime intensidad devoradora de fraudulentas retribuciones pecuniarias, "tracatraqueadas" al trabajador o empresario probo, que honradamente cumple con el fisco [¡y pobre de él como no lo haga!, porque al contribuyente de a pie que se despanzurra a trabajar y sudar los 700 euros que más o menos puede llegar a cobrar cada mes, como no pague su IRPF o se le ocurra evadir un euro de sus cuentas con Hacienda, no hay fiscalizador que le cacaree libertad, libertad, libertad!"], pues nada, ¡que se van de rositas, y si te he visto no me acuerdo!... "¿Y a ti que te parece toda esta porquería que estamos aguantando, Sofi, con todos estos bandoleros de cuello bien "planchao", y la que siguen armando!... ¡Ay, Manoli, hija! ¿qué quieres que te diga? ¡Pues que habría que aplicarles el "Expediente Warren" a todos! Como dice mi mamá: "Siempre son los mismos perros con los mismos collares" Y si todo quedase en eso, porque, según mi Robert, toda esta música ratonera de la "corrupción más fraudulenta" seguirá inflándose como las acordeones y sus miaus de gato... ¿Y eso qué quiere decir, Sofi?... Pues, ¿que va a querer decir, Manoli, hija? Que aquí no hay quien acabe con los arañazos que nos están soltando, y que no vamos a llegar ni a medio pensionistas. ¿No ves que toda es patulea de chorizos que se trajina los millones de euros como quien se trajina pimientos del padrón, que a mi Robert le gustan mucho, aunque ahora estén por las nubes,... claro que yo siempre los compro en la sección "Gourmet" de "El Corte Inglés", pues lo que te decía, que se siguen librando de todas esas sentencias que les tendrían que caer encima gracias al "recurso de Castración", como tampoco para de refunfuñar mi Robert que es muy republicano... ¿Qué "injusticia más ciega", verdad, Sofi?... ¡Y que lo digas, hija, ciega y requeteciega! En fin, ¿a ver hasta cuando aguantamos?...¡A ver!..." 

Y ahí me quedo... por lo pronto...

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